NUEVO POEMA: «A MI QUERIDA AMIGA AMALIA DOMINGO SOLER» (Noviembre de 1895)

 

Aparecido en La Luz del Porvenir (Barcelona), 14 de noviembre de 1895. Fuente: colección de la revista espiritista en  el CHMD de Salamanca.



A MI QUERIDA AMIGA AMALIA DOMINGO SOLER


Aún era yo muy niña

cuando tu acento,

resonando en mi alma,

levantó un eco,

eco dulcísimo,

que a pesar de los años

no di al olvido.


Era en aquellos días,

cuando comienza,

a despertar del niño

la inteligencia;

y allá en el alma,

las ansias prematuras

su voz levanta.


De tu lira armoniosa,

los dulces cantos,

entonces, arrullos

a mí llegaron;

y me admiraba,

ver cuán bien comprendía

cuanto cantabas.


Con el vuelo suave

de tus poesías,

elevé a otras regiones

la mente mía;

y muy temprano

quise vivir sintiendo,

no vegetando.


Como teníamos ambas

un mismo nombre,

quise tomar tus mismas

aspiraciones;

y ya mis juegos,

no fueron otra cosa

que el hacer versos.


Fue pasando así el tiempo

de esta manera,

y ya más cultivada

mi inteligencia,

resolvió un día,

abandonar la senda

de la rutina.


Dí un adiós a las necias

preocupaciones,

y a las rancias doctrinas

de los errores;

otro camino

busqué con grandes ansias,

y en él nos vimos.


«Adelante me gritas

hoy que me oyes,

adelante, no tengas

vacilaciones;

dame la mano,

caminaremos juntas

sin perder ánimos».


A tu voz cariñosa

ya he respondido;

sabes que son afines

nuestros espíritus;

que desde niña

algo a ti me enlazaba,

pues tras de ti iba.


Hoy, que ya no es capricho

de pocos años,

el caminar contigo

seguir tus pasos,

puedo afirmarte,

que nada de tu lado

podrá apartarme.


¿No llevas en tu mano

santa bandera,

de colores fulgentes

y sacros lemas?

¿Cómo imprudente

va a negarse a seguirla

quien sienta y piense?


Contigo hermana mía

voy adelante,

de aquello que tu encuentres

dame una parte;

sea lo que sea,

la palma del martirio,

o áurea diadema.


Cuando lloras del mundo

las aflicciones,

a la vez que tu llanto,

mi llanto corre.

Cual tu lamento,

que tantas amarguras

no hallen consuelo.


Por eso me consagro

con toda el alma

a procurar alivios

a las desgracias;

y no me importa,

que el mundo al ver mi anhelo,

me llame loca.


Como a ti, hermana mía,

solo me apena

ver lo poco que alcanzan

mis pobres fuerzas;

más no vacilo,

y sin terror a nada

marcho contigo.



AMALIA CARVIA

 

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