LAS MUJERES DE AMALIA-CAROLINA JONES
Amalia
Carvia tuvo que conocer a Caroline Jones en sus años de
juventud, y quizás leyera la primera novela de Caroline, titulada
«Little Joe» (1859), aunque desconozco si se editó en
España. Lo que está claro es que la conocía y ya en su temprano
artículo de 1890, Amalia Carvia escribía: «Una elegante joven
montada en un brioso caballo pasó ante mí; como las ideas se
enlazan de tan particular manera pensé en Caroline Jones;
me pareció que en súbita visión cruzaba ante mis ojos aquella
heroína del bien y a no contenerme hubiese gritado «¡Capitán!»,
para ver si el corcel se detenía como en las playas de Australia a
la voz de aquella santa mujer».
También
es posible que Amalia Carvia conociera a Caroline a través del
historiador francés Jules Michelet (1798-1874), de la que era una
gran lectora y admiradora. Michelet dijo de Caroline que la
consideraba «una santa de Australia», por su inmensa
humanidad y capacidad de entrega por las mujeres y los niños, por
los más desfavorecidos. Por ejemplo, Michelet publicó «La
Femme» (La mujer) en 1859, y uno de los capítulos era «La mujer
que protegí a las mujeres»sobre su figura.
En
cualquier caso, Amalia volverá a escribir, esta vez una breve
biografía en 1934, cuando colaboraba para El Pueblo de
Valencia.
***
Caroline
Jones, más conocida por su nombre de casada, Caroline
Chisholm, nació el 30 de mayo de 1808 en Northampton,
Inglaterra, falleciendo en 1877 en Londres, después de una vida
dedicada por completo a los demás, y sobre todo a las niñas y
mujeres más desfavorecidas. Este inmenso trabajo humanitario le fue
reconocido en su país, y además en la Iglesia de Inglaterra,
Caroline se encuentra en el Santoral Laico, donde todos los 16 de
Mayo se recuerda a «Caroline Chisholm».
Con
22 años se casó con Archibald Chisholm, capitán del ejército
destinado en la India. Al año y medio de que su marido regresara a
su regimiento en Madrás, Caroline decidió embarcarse y se fue a
vivir con él. Ya allí, en 1834, Caroline fundaría en el
acuartelamiento una Escuela Industrial para chicas jóvenes, al ver
la falta de instrucción y de posibilidades que tenían, expuestas a
las continuas molestias de los soldados solteros. En la escuela, no
solo se le enseñaba a leer y a escribir, sino que las materias
prácticas, sobre todo la enfermería, eran las más importantes,
para que las mujeres alcanzaran una autonomía laboral.
Cuatro
años más tarde, le concedieron a su marido un permiso de dos años
por motivos de salud, y la familia, en vez de volver a Inglaterra, se
instalaron en Australia pensando que su clima sería más
recomendable para él. Allí se desplegará el inmenso trabajo
humanitario de Caroline.
La
familia se estableció en la ciudad de Windsor, cercana a la capital,
y en sus viajes a Sidney, Caroline y su esposo pronto se dieron
cuenta de las difíciles condiciones que soportaban los inmigrantes
que llegaban a la colonia. Pero particularmente sufrieron al ver a
las mujeres jóvenes que llegaban sin dinero, amigos, familiares o
trabajos a los que acudir, y muchas terminaron recurriendo a la
prostitución para llegar a fin de mes. Caroline Jones acudía a cada
barco de inmigrantes que llegaba al puerto de Sidney y se convirtió
en una figura familiar en los muelles. Encontró familias que
quisieran alojar a niñas inmigrantes y albergó a muchas de ellas en
su casa.
El
capitán Chisholm regresó a su regimiento en 1840, pero alentó a su
esposa para que continuara con su valioso trabajo humanitario. Al
principio, Caroline estableció un hogar en Sidney para mujeres
jóvenes, llegando a albergar a 96 mujeres, la mayoría jovencitas y
organizó otros similares en varias localidades rurales. La casa
pronto se amplió para ayudar a familias completas y a hombres
jóvenes.
También
se preocupó de proporcionar empleo a numerosos inmigrantes, para lo
cual ideó buscarle empleo en el interior de Australia. Para ello
viajaba incansable sobre su caballo blanco, llamado «Capitán»,
visitando haciendas y explotaciones agrícolas donde consiguió los
asentamientos de cientos de trabajadores. Posteriormente, en 1842,
alquiló dos viviendas adosadas y las convirtió en una sola casa de
campo que sirvió como albergue para inmigrantes sin techo que
viajaban a la región en busca de trabajo.
Durante
los siete años que Caroline estuvo en Australia, alojó a más de
11.000 personas en hogares y les facilitó un empleo, convirtiéndose
en una de las mujeres más conocida y admirada. Esta labor que
realizó lo hizo siempre sin aceptar dinero de individuos u
organizaciones individuales, ya que quería actuar de manera
independiente y no quería depender de ninguna institución religiosa
o política. Las niñas y las familias a las que Caroline ayudó
provenían de diferentes orígenes étnicos y sociales, y eran de
diferentes creencias religiosas.
Caroline
Jones, toda una santa laica, como la llamaba Amalia Carvia.
Fuente:
«Carolina
Jones», de Amalia Carvia, en El Pueblo (Valencia) de 11 de
marzo de 1934. Recopilado en «Desde las Cumbres», Editorial
Suroeste, El Puerto (Cádiz) 2019.

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