NUEVO ARTÍCULO: «MIRANDO HACIA ARRIBA: A LOLITA» (1905)


 MIRANDO HACIA ARRIBA

-A  LOLITA(1)-



Las Dominicales de 7 de abril de 1905


Los entusiasmos que llenan tu corazón de siete años parecen delatar los secretos de un destino en disconformidad con las grandes aspiraciones de nuestros días; y cuando contemplo tu mirada de mujer pequeña, impregnada ya de la tristeza que emana de la sociedad en que vivimos, pienso en el porvenir que debe estar reservado a tus excepcionales condiciones de valiente luchadora, si sabes aceptar ese destino.
    Todo lo que brilla en lo alto te deslumbra y atrae, lo mismo la estrella que titila en el oscuro espacio, que cualquier nombre que con claridad gloriosa chispea en la cumbre del ideal.
    No sabes nada de los santos misterios de la doctrina católica, pero sí sabes mucho de las divinas verdades proclamadas por la filosofía moderna, en la cual has comulgado con toda tu alma.
    Como la niña devota en sus éxtasis místicos suspira por las celestes dichas, tú, en los fervores del amor que sientes por las ideas en que te educas, deja que tu corazón infantil palpite por todo lo que representa libertad y humano bien.
    En el santuario de tus ternuras de niña distingo los graciosos altares que levantas a todo lo que te impresiona, y al respetar la encantadora vehemencia de tus sentimientos, me esfuerzo también porque tu ofrenda de amor sea depositada ante el más noble de los ídolos.
    Un día me preguntaste por Luisa Michel. En tus oídos zumbaban aún los loores que el mundo tributaba a la que fue la más santa de las mujeres, y tus interrogadores ojos pedían la sanción de mi alma para la nueva adoración que en la tuya surgía. ¿Cómo negártela? La aprobé como la única digna de ser eternizada en tu corazón. ¡Ojalá, niña querida, que el paso del tiempo no borre de ti la celeste visión de esa mujer inmortal!
    Cuando los años depositen en tu ser las amarguras del mundo; cuando conozcas algo mejor los sufrimientos humanos, vuelve tu hermosa mirada hacia el recuerdo de Luisa Michel, e impregna tu alma toda de la piedad inmensa que se desprende de la abnegada vida de tan sublime mujer, para que la benéfica semilla arrojada por ella no sea perdida bajo el légamo (2) del egoísmo social.
    Entre las bellas virtudes que resplandecen en tu infantil corazón, se destaca la de la compasión más profunda por todos los que padecen.
    La imagen del niño abandonado, de la mujer desvalida y del anciano pordiosero, turban el sosiego de tus inocentes noches, haciendo estremecer tu espíritu en tempranas indignaciones y anhelos vivísimos de mejoras sociales.
    Si tan pronto sientes el fuego de esos grandes amores en que se abrasan los apóstoles del bien, no hay duda mi buena niña de que cumplirás dignamente con el destino reservado a la generación incubada al calor de los modernos ideales.
    Sigue mirando hacia arriba, hacia donde destella el sol del porvenir. Hacia allí han mirado todos esos seres cuyos nombres repites fervorosamente; hacia lo alto van las miradas afanosas de todas las almas que aspiran a la felicidad del mundo.
    De allí, de la contemplación de las alturas es donde se cierne la suprema idea de la perfectibilidad humana, es de donde se toman las fuerzas necesarias para la lucha de abajo contra todos los absurdos y todas las iniquidades.    
    Tan pequeña, declaras guerra abierta a la mentira religiosa y a la crueldad social;  pues bien, para abroquelar tu frente y dar recia coraza a tu cuerpo de mujer a fin de hacerlo fuerte para la pelea, sigue mirando hacia arriba, Lola mía, bañando tus dulces ojos en el éter del infinito, en donde fulgura constantemente la estrella de una salvadora esperanza.

AMALIA CARVIA
 

 Notas:

1.-No se dan pistas de quién puede ser esta niña de siete años. Se desprende que debe ser alguien cercano y que fuera alguna alumna de la escuela laica que regentaba en la calle Villena de Valencia. En un acto de su escuela del mes siguiente actuaron leyendo poesías Trini Garcerá y Lolita Martínez. ¿quizá se refería a esta última?

2.- Barro pegajoso.

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