12 de Enero de 2020: HACIA EL CENTENARIO DE LA LUCHA SUFRAGISTA EN EL ESTADO ESPAÑOL


-A la consideración de las feministas en general
y de las feministas gaditanas en particular-

12 DE ENERO DE 2020: HACIA EL CENTENARIO DE LA LUCHA SUFRAGISTA EN EL ESTADO ESPAÑOL

Manuel Almisas Albéndiz




ANTECEDENTES

El nacimiento del Sufragismo femenino moderno se sitúa en la Declaración de Sentimientos y Resoluciones de Seneca Falls ( EE.UU) en 1848, y pocos años después ya encontramos una primera referencia sufragista en España.
      Fue al comienzo del llamado «bienio progresista», cuando accedió al poder el Partido Progresista durante el reinado de Isabel II, y donde se pretendieron acometer diversas reformas con nuevas leyes de imprenta y electorales, entre otras, cuando el diario madrileño La Iberia el 17 de septiembre 1854 daba a conocer con el título «Emancipación femenina» un programa de 9 puntos claramente sufragista y feminista1. Es una pena que el diario no aportara ningún dato sobre qué grupo de mujeres pudieran estar detrás del mismo, pues de este modo se escribía:
«Desde que cuatro solteronas, aficionadas a hablar de política, y alguna que otra poetisa, devorada por el demonio de la publicidad, se dieron a defender los derechos de las señoras mujeres y su emancipación, andan muchas de éstas que no se las puede sufrir. Ahora parece que han celebrado una reunión en que han acordado elevar la petición siguiente:
1º Sufragio universal comprensivo de todas las mujeres de probidad.
2º Participación por iguales partes en los destinos de la nación (…)».
 
Una década más tarde, cuando ya se habían publicado en Cádiz los sucesivos diarios considerados como precursores del pensamiento feminista, y dirigidos por Margarita Pérez de Celis y María Josefa Zapata, El Pensil Gaditano (1856), El Pensil de Iberia (1857), El Nuevo Pensil de Iberia (1857-1858), El Pensil de Iberia (1859) y La Buena Nueva (1865-1866), apareció un artículo en el diario madrileño El Papelito, de 8 de noviembre de 1868, donde una redactora que firmaba como Pepita, y que se mostraba radicalmente en contra del voto femenino, afirmaba: «Mis paisanas y amigas las españolas de Cádiz han pedido también, en las actuales circunstancias, el derecho a votar». No sabemos si se referían al grupo de Margarita Pérez de Celis, pero es más que probable que así lo fuera, por el gran prestigio y la constancia en la lucha por la emancipación de las mujeres que demostraron durante más de una década2. La llamada «Revolución Gloriosa» estaba a punto de comenzar, y con ella el Sexenio Democrático que trajo la Primera República.
      Posteriormente, ya en el principio de la década de 1880, en Barcelona surge la figura de la francesa Therese Coudray, casada con el periodista y editor Juan F. Aramburu (Madame de Aramburu). Ella liderará un diario llamado La Mujer, con el subtítulo de «La Muger defenderá los derechos de las mujeres». Con esta revista de breve existencia, pues solo se publicará entre mayo y julio de 1882, se asistirá a una campaña donde se reclamarán por vez primera los derechos de las mujeres, reivindicando su derecho a la ciudadanía y la equiparación de derechos con el hombre, y por tanto el derecho al voto, aunque nunca se diga ni se pida de forma explícita.
     Al año siguiente de la desaparición de esa revista, en 1883, tuvo lugar el intento de celebrar en Palma de Mallorca un Congreso Nacional de Mujeres, cuya finalidad era meramente educativa, cultural y moral, centrándose en la instrucción de la mujer, y donde no se planteaban cuestiones políticas como el sufragio3.
     Al margen de estos escasos y parciales pronunciamientos de las propias mujeres, a nivel parlamentario fue en 1877 cuando se discutió por vez primera en las Cortes españolas una enmienda suscrita, a título personal, por siete diputados de tendencia ultraconservadora sobre el voto femenino. Entre los nombres más destacados que suscribieron la enmienda presentada por Carlos María Perier, estaba Alejandro Pidal y Mon posterior fundador de «Unión Católica». Como no podía ser de otra manera, la enmienda iba en favor del voto para las mujeres con patria potestad, es decir, a las viudas cabezas de familia y con propiedades, y todo el debate entorno al derecho voto de ese grupo de mujeres, que transcurrió entre el 30 de mayo4 y el 5 de junio de 1877, giró sobre el afianzamiento de la sacrosanta institución familiar. Esta enmienda no prosperó y habrá que esperar treinta años hasta que de nuevo se debata en el Parlamento sobre el voto de la mujer.
     Pero antes, en 1906, se pronunciaron sobre el voto femenino dos mujeres de cierto renombre e importancia. Concepción Gimeno de Flaquer escribía en su revista El Álbum Ibero americano (Madrid) un artículo denominado «Sufragio femenino»5 donde se declaraba partidaria del mismo, «creo que la mujer debe ser electora, para enviar al Parlamento representantes que defiendan sus intereses», aunque también se mostraba parcialmente restrictiva cuando manifestaba: «creo que debe ser elegible, solo en algunos cargos administrativos, nunca en los cargos políticos». Y para ello aducía que la política era algo sucio y que las elecciones estaban corrompidas, «al bajar al palenque de la política, sus alas [de las mujeres] no quedarían impolutas».
     Unos meses después, en el diario madrileño Heraldo de Madrid, Carmen de Burgos (que firmaba con el seudónimo de Colombine) comenzó una serie de encuestas dirigidas a los lectores del periódico y a personalidades de la política y la cultura, sobre el sufragio femenino. Durante algo más de un mes se fueron publicando las distintas opiniones en una sección fija denominada El voto de las mujeres6. Al final, además de comunicar el resultado de las votaciones, mayoritariamente en contra del sufragio femenino (solo 107 personas, de las 4.962 encuestas, se mostraban partidario del voto a las mujeres sin restricción, pero de ellos solo 39 pedían que también fueran elegibles), dio su opinión personal, que era favorable, pero: «la mujer necesita en España conquistar primero su cultura, luego sus derechos civiles...y solo entonces estará capacitada para conquistar el derecho político».
      Y siguiendo con Carmen de Burgos, para confirmar su opinión restrictiva y aplazada del voto integral femenino, es de reseñar las palabras que se publicaron en una entrevista a dicha escritora en El Pueblo (Valencia) el 27 de mayo de 1907: «yo no acepto el sufragio universal; los analfabetos y los incultos no pueden elegir… solo los seres medianamente cultos...tienen derecho al voto sin distinción de sexos (…) Creo, pues, que la mujer, en idénticas condiciones que el hombre debe votar. Ahora bien, considerando que su misión en la sociedad es muy distinta, que debe ser madre de sus hijos y consuelo de su amado, opino que no sea elegida. El cuidado de su hogar le impide atender a la política...».
En junio de 1907 comenzó en las Cortes el debate para la reforma de la Ley Electoral planteada por el gobierno conservador de Maura y en ese momento volvió a relucir el voto femenino. En primer lugar, el diputado gerundense de «Solidaritat Catalana» Joaquín Salvatella había presentado una enmienda a la totalidad que incluía el voto activo para aquellas mujeres que fueran viudas con patria potestad, pero limitado a las elecciones municipales. Aún así, esta enmienda fue rechazada.
     También se formularon enmiendas parciales, y aquí destacaron las del grupo de Unión Republicana de Nicolás Salmerón, defendidas por José Manuel Pedregal. La primera, en relación al artículo 2º, proponía que fueran «electores para Diputados a Cortes, provinciales y concejales, todos los españoles mayores de edad que se hallen en pleno goce de sus derechos civiles»7. Es decir, incluía a las mujeres también, como se destacó en la defensa de la enmienda, pues la propuesta gubernamental decía «todos los españoles varones de veinticinco años». Y la segunda, en relación al artículo 4º, proponía que fueran «elegibles para Diputados a Cortes, provinciales y concejales, todos los españoles de estado seglar, mayores de edad que se hallen en pleno goce de sus derechos civiles», evitando también que los curas se pudieran presentar.
     Por tanto, estamos ante la primera propuesta de otorgar el voto a las mujeres sin ninguna restricción, aunque pasó desapercibida y no prosperó de ninguna de las maneras. La primera enmienda, sobre las mujeres electoras, fue derrotada por 14 votos frente a 1028, y la segunda fue retirada por Pedregal sin que se votara siquiera.
     Cuando el proyecto de Ley pasó al Senado en el mes de julio, todavía sería objeto de nuevas enmiendas parciales. Por un lado, el senador demócrata Luis Palomo Ruíz presentó una enmienda a título personal9 también muy restrictiva, proponiendo el voto en las elecciones municipales, legislativas y provinciales para las viudas que realizaran una contribución territorial superior a 100 pesetas anuales. La enmienda se retiró sin votación. Y de otro, el senador republicano Odón de Buen y de Cos presentó otra enmienda proponiendo que pudieran votar las mujeres mayores de 23 años, como los varones, pero solo en las elecciones municipales10. Y tampoco se aprobó.
     Hay que reseñar la petición de palabra11 del senador vitalicio Emilio Alcalá-Galiano, conde de Casa Valencia, para recordarle al Ministro de la Gobernación que en la Cámara de los Lores en Inglaterra se había concedido a la mujer que pudiera elegir y ser elegida en los Ayuntamientos, y que ello era una prueba de su posición favorable desde hacía años de que se concediera el voto a las mujeres, y que en justicia se le debería también conceder en España12.
     Y por último, también el senado Rafael María de Labra se manifestó en sesión del 19 de julio a favor del «voto de la mujer para asuntos administrativos», mostrándose de acuerdo con las enmiendas de Buen y de Palomo.
     Pero no pasaría ni un año cuando al discutirse la reforma de la Ley de régimen de la Administración Local, en marzo de 1908, nuevamente volverá a debatirse el voto de la mujer. Ahora será el diputado republicano federal Francisco Pi y Arsuaga, de la coalición «Solidaridad Catalana» quien presentará una enmienda favorable al voto femenino, pero otra vez de forma muy restrictiva en el sentido de que también «serán electores las mujeres mayores de edad, emancipadas y cabezas de familia, no sujetas a la autoridad marital», pero no podían ser elegibles. Esta propuesta tan moderada también salió rechazada, a pesar de que algunos diputados conservadores y liberales votaron a favor, aunque ahora por menos diferencia de votos (64 en contra y 35 a favor).
     En realidad, unos días antes de este debate, nuevamente surgió en la Cámara Alta la voz original del senador vitalicio Conde de Casa Valencia rogando al Ministro de la Gobernación que presentara un proyecto de ley concediendo el voto a las mujeres. Fue en la sesión del 9 de marzo13, y aducía que: «es cosa muy extraña, falta de lógica e incomprensible, que en España las mujeres puedan ser Reinas y no puedan ser electoras». También recordaba la ampliación del voto femenino en Inglaterra, y que en el norte de Europa (Finlandia) las mujeres ya podían ser también elegidas para el Parlamento. Y al mes siguiente, en la sesión del 25 de abril, volvía a insistir en su petición al Ministro, aportando el dato nuevo del Parlamente de Dinamarca que acababa de aprobar el sufragio universal, masculino y femenino.
     La nueva derrota parlamentaria de 1908 no pasó desapercibida en la prensa. Por ejemplo, El Heraldo de Madrid escribió una editorial sobre «El voto de las mujeres» culpando a los liberales del fracaso de la votación. Y Carmen de Burgos, en el mismo diario, en su columna habitual escribía un día después «El voto de la mujer» animando a la mujer española a organizarse para conseguir el derecho al sufragio. «Las damas podemos fundar una sociedad semejante al Congreso Nacional de Mujeres Francesas. La suerte está echada al empezar la lucha. La pérdida de la votación de ayer en el Congreso es el primer paso para el triunfo del sufragio femenino en España». Pero solo se quedó en una declaración de intenciones. El feminismo español no se organizó ni las mujeres se aprestaron a la lucha por el sufragio. Solo la lucha internacional, especialmente en Inglaterra con las «sufragistas», siguió manteniendo en alto la bandera del voto para la mujer, «Votes for Women». Antes de pasar al siguiente periodo donde, de verdad, las mujeres se organizarán y comenzarán a reclamar el voto integral femenino, es menester volver a citar al ya anciano Conde de Casa Valencia, que también se mostró, por cierto, partidario acérrimo de abolir la pena de muerte. En la sesión del Senado del 7 de febrero de 1912 reiteró su petición, esta vez al Presidente del Consejo de Ministros, de un proyecto de ley concediendo el voto a las mujeres entre las risas de varios senadores. Su insistencia era digna de admiración por un lado, y de mofa por otro...

 
COMIENZA LA ORGANIZACIÓN DE LAS MUJERES
Y LA LUCHA SUFRAGISTA

En septiembre de 1915, cuando ya hacía más de un año que había comenzado la Primera Guerra Mundial, y en medio de numerosas acciones a favor de la paz y contra el militarismo de las feministas de toda Europa, tuvo lugar en Valencia un hecho que constituyó un hito en la historia del feminismo en España. La gaditana Ana Carvia Bernal (que firmaba Ana C. Bernal) fundó y dirigió la «revista mensual feminista» Redención. Una revista que nació, a diferencia de otras, como elemento dinamizador y nuclear para organizar a las feministas, ante la falta de iniciativa en otras mujeres referentes que ellas consideraban de más valía, social e intelectualmente. Pero no podían esperar más, como decían, porque la situación era muy preocupante para los derechos de la mujer. Así nació en Valencia, a los pocos meses, la Sociedad de Mujeres «Concepción Arenal», y se tejieron los lazos con otras sociedades y feministas de varias provincias a título individual para fundar la Liga Española para el Progreso de la Mujer. De esta forma, en el mes de mayo de 1918, Ana C. Bernal, Ángeles Guiñón (administradora de Redención), su hermana Amalia Carvia, María Piñango y Ángeles Carrasco, en nombre de Redención, encabezaban la larga firma de un manifiesto dirigido «A las mujeres españolas» animando a sumarse a la Liga que comenzaba a organizarse. Era la primera Liga feminista que se fundaba en España de ámbito estatal y con un respaldo de mujeres muy amplio.
     Después de tres meses de duros trabajos de la Comisión Organizadora de la Liga, el 25 de agosto de 1918 se celebró en Valencia la reunión constitutiva y formal de la Liga y la elección de su primera Junta Directiva, donde la Presidencia recaería en Ana C. Bernal y la Secretaría en su hermana Amalia Carvia. En numerosos periódicos, republicanos y obreros, de lugares tan dispares como Guadalajara, Alicante, Palma de Mallorca o Tarragona, se publicó el comunicado de ambas hermanas, «Voz de aliento», donde anunciaban su constitución legal, se animaba a la lucha por sus derechos y se alegraban de haber llegado en tan poco tiempo a las 200 asociadas.
     Pero un hecho iba a conmocionar la labor feminista que comenzaron de inmediato en pro de los derechos civiles ignorados en el Código Civil, y fue la noticia de la disolución de las Cortes a principios de enero de 1919 bajo el gobierno del liberal Conde de Romanones, y la constitución de una Comisión Extraparlamentaria que diera solución a los problemas de autonomía de Cataluña y otras regiones. Entre otras cuestiones, esta Comisión presentó una Reforma de la Ley Municipal donde se preveía otorgar el voto a las mujeres cabezas de familia en las elecciones municipales14. Es decir, con una restricción en la línea de las últimas peticiones y enmiendas presentadas en el Congreso y en el Senado. La Liga, que no había nacido teniendo el voto femenino como objetivo prioritario, se vio lanzada a la arena de la lucha sufragista, y no dudó en aceptar el reto.
     Antes de seguir es preciso consignar que la I Guerra Mundial había terminado el 11 de noviembre de 1918, y que a raíz del armisticio numerosos países aprobaron en sus leyes el sufragio femenino, si bien es verdad que estimulado también por el triunfo de la Revolución Soviética en 1917, año en que las mujeres de Rusia, Letonia o Polonia ya dispusieron de ese derecho. Era el caso de Alemania, Azerbaiyán, Georgia, Canadá, Hungría o Irlanda; y estaba previsto que en ese año de 1919 también se consiguiera implantar el sufragio femenino en otros muchos países. Las esperanzas y las luchas de las feministas era creciente, y por tanto no es de extrañar que esa vergonzante reforma de la Comisión Extraparlamentaria sonara poco menos que a burla.
     Y sonó un grito de guerra. El primero de las feministas españolas organizadas: «¡A las feministas españolas!». Este comunicado se mandaría a decenas de medios de prensa, pero fue en El País (Madrid) del día 28 de enero de 1919 donde tuvo una gran acogida, publicándolo en primera plana con el antetítulo de «La mujer y el voto».

«A LAS FEMINISTAS ESPAÑOLAS
Esa mezquina merced que quieren hacernos nuestros gobernantes concediéndonos, con restricciones caprichosas, el derecho de sufragio, no debemos aceptarla las feministas españolas:
1º Por solidaridad con nuestras hermanas de las otras naciones, cuyo orden del día en este punto es «sufragio íntegro».
2º Por nuestro propio interés, pues de sernos concedido el sufragio en la forma propuesta, tarde lograríamos la plenitud de nuestros derechos.
Toda consideración sería improcedente en estos momentos, puesto que se trata de ser o no ser.

¡Feministas españolas, a luchar todas unidas por el sufragio femenino sin restricciones de ninguna clase!

Por la Liga Española para el Progreso de la Mujer: Ana C. Bernal, Ángeles Guiñón, Amalia Carvia, Pilar Villar de Deu y Vicenta Mora».
 
Como se puede apreciar, destaca ese primer punto de solidaridad con las compañeras de otros países, especialmente de Latinoamérica (Uruguay, Cuba, México), con las que mantenían una estrecha y amistosa relación.
     Además de este llamado a las mujeres, la Liga volvió a dirigirse a los diputados y senadores con un comunicado más extenso y firmado ahora por todas las mujeres que dirigían las distintas asociaciones de la Liga, y que estaba fechado el 6 de febrero de 1919. Se llamaba «A los demócratas españoles» y nuevamente se publicó el 4 de marzo en El País (Madrid) con el antetítulo «Manifiesto feminista». En dicho documento volvían a la carga solicitando el voto integral para las mujeres y que ya era hora de que las mujeres alcanzaran los mismos derechos que los hombres, para desarrollar sus deberes de ciudadanas. Y que la excusa de que no estaban preparadas no podían mantenerla por más tiempo.
     La nueva crisis gubernamental con la clausura del Parlamento el 27 de febrero y la convocatoria de nuevas elecciones, hizo que no se discutiera siquiera la Reforma de la Comisión Extraparlamentaria y que, por tanto, las exigencias de la Liga quedaran momentáneamente paralizadas.
Es conveniente recordar que en este momento crítico las feministas de la Liga eran las únicas que se lanzaron a reclamar esta reivindicación. Las otras dos organizaciones de mujeres, la ANME (Asociación Nacional de Mujeres de España) de María Espinosa de los Monteros y Celsia Regis (Consuelo González), y la UME (Unión de Mujeres de España) de la Marquesa del Ter y María Lejárraga (Martínez Sierra), se habían formado en Madrid, con pocas semanas de diferencia, en los dos últimos meses del año 1918, y por tanto no pudieron reaccionar ni pronunciarse al respecto.
     La influyente escritora y periodista Margarita Nelken, que no se definía en aquel momento como feminista, se pronunció claramente en contra el voto femenino integral en su artículo del 3 de febrero de 1919 que apareció en El Fígaro, diario de Madrid en el que colaboraba. Con el título «Los derechos electorales», Nelken volvía con los ya sabidos argumentos de que era prematuro otorgar ese derecho a las mujeres por su escasa preparación y por estar sometidas al marido o al confesionario. Escribía: «El voto de las mujeres, ¡ya lo creo! Pero...no tan de prisa, no. Primero escuelas...luego educación cívica, sentido social, y luego, pero solamente entonces, todos los votos y todos los derechos que uno quiera». Ese era, precisamente, el razonamiento que criticaba la Liga y con el cual, decían, pasaría otro siglo y las mujeres seguirían sin ejercer plenamente como ciudadanas.
     Mientras los hombres volvían a enredarse con unas nuevas elecciones que se celebrarían el 1 de junio, las mujeres de la Liga comenzaron a preparar su primera Asamblea, después de un primer año tan intenso. Se celebró el 18 de mayo de 1919 en Valencia, y fue Amalia Carvia, como Secretaria, la que lanzó un «A nuestras feministas»15 invitando a las mujeres y a las asociaciones «verdaderamente feministas» a que participara en la Asamblea, recordando los grandes temas a tratar: la «urgencia del voto», la «investigación de la paternidad», el «divorcio» y la «participación de la mujer en los Jurados». De hecho, estos fueron los grandes objetivos que se marcaron las feministas de la Liga para el próximo año, sin olvidar la gran tarea que se habían impuesto, especialmente Ana C. Bernal, la presidenta: conseguir agrupar a las tres organizaciones feministas, ellas y las dos madrileñas, en un «Consejo Nacional de Mujeres» como existían en otros países. Algo, dicho sea de paso, que se conseguiría meses más tarde, pero con el nombre de «Consejo Supremo Feminista de España», del que Ana fue Vicepresidenta.
     En concreto, y como primer paso, en el seno de la Asamblea se aprobó la resolución de solicitar a las nuevas Cortes la concesión del «sufragio integral femenino». Y así fue en efecto. Su petición se registró en la Secretaría del Congreso con el número 7, pero sin recogerse una fecha determinada. Solo existe como referencia que comenzaron a contar las peticiones desde primeros de agosto.
     La petición decía así:

La «Liga española para el progreso de la mujer», constituida en Valencia, suplica se conceda a la mujer el derecho de sufragio sin restricción alguna.
 
De forma coincidente, el ministro de Gobernación Burgos Mazo, del gobierno conservador de Sánchez de Toca, cuyo partido había ganado las pasadas elecciones, anunció a través de la prensa que iba a presentar un Proyecto de Reforma de la Ley Electoral y que incluiría el voto para la mujer mayor de 23 años16. Hay que recordar que Burgos Mazo había sido uno de los diputados conservadores que ya votaron a favor en 1908 de la enmienda del voto femenino restringido. Esta noticia la recogió Amalia Carvia, en su informe de octubre como Secretaria de la Liga17, expresando que era «de lo más halagador para nuestra causa», pero que les tocaba a ellas trabajar ahora con ahínco, y recalcaba que lo que ellas perseguían era «el voto integral y no restringido para humillación de nuestro sexo», y que esa era la principal labor de la Liga en esos momentos.
     Al tiempo que la Liga seguía mostrándose contundente con sus reivindicaciones sufragistas, otras feministas madrileñas de renombre se mostraban más dubitativas. Es el caso de Beatriz Galindo (Isabel Oyarzábal) quien escribía en El Sol (Madrid) del 27 de septiembre de dicho año18 que se congratulaba de que las mujeres adquirieran el «responsable privilegio de elegir a sus representantes» y se regocijaba de que la mujer en España tomara posesión, «siquiera sea menguada», de sus derechos. Como puede apreciarse, sus argumentos no tenían la radicalidad de las feministas de la Liga. Y no digamos de Margarita Nelken que seguía escribiendo a favor de no precipitarse y de posponer la concesión del voto a la mujer19, repitiendo una y otra vez su argumento de la falta de capacitación de la mujer para votar hasta tanto no adquiera más cultura y sentido social. Hoy día, decía, el sufragio femenino no podía constituir un progreso para España.
     Las críticas que recibió Burgos Mazo en la prensa fueron numerosas y tuvo que retroceder en sus pretensiones sufragistas, hasta tal punto que lo que se comunicó a principios de noviembre era algo distinto. El proyecto que aprobó el Consejo de Ministros solo contemplaba que la mujer pudiera votar, pero no podía ser elegible20. Y esta restricción volvió a indignar a las feministas de la Liga, que a través de Amalia Carvia como Secretaria y con el visto bueno de Ana C. Bernal, la presidenta, el 12 de noviembre de 1919 enviaron una «Circular dirigida a cada uno de los diputados de izquierdas»21. En esta circular, la Liga creía que era un deber ineludible que «las izquierdas» apoyaran la concesión del voto integral a las mujeres, «sin restricciones de ningún género que menoscaben nuestra dignidad».
     El ministro envió el 13 de noviembre al Parlamento el Proyecto de Ley, pero nunca fue debatido. En diciembre salió Burgos Mazo del ministerio tras la caída del gobierno de Sánchez de Toca y se sucedieron diversas crisis gubernamentales.
     Sin embargo, la actividad parlamentaria se reanudó y el 12 de enero de 1920 se leía, en la sesión de las Cortes, la comentada petición n.º 7 de la Liga Española para el Progreso de la Mujer y se comunicaba que se enviaría a la Comisión de Peticiones para su estudio. Finalmente, el 27 de febrero se volvió a leer la petición pero ahora se anunciaba que dicha petición se había admitido a trámite y se «remitía al Ministerio de Gobernación». Otra nueva crisis originó la clausura de dicha legislatura en abril de ese año y la convocatoria de nuevas elecciones, por lo que la primera petición formal de las feministas españolas cayó en el olvido.
     Como contrapunto a esta profunda sensibilidad sufragista de la Liga en una coyuntura internacional favorable, véase qué pedían al Congreso las mujeres del Consejo Nacional de la Marquesa del Ter en diciembre de 1919: «Petición Número 19: El Consejo Nacional de Mujeres de España, elevan a las Cortes una exposición con más de 300 firmas en súplica de que se vote una ley reintegrando al Ejército los 23 oficiales alumnos de la Escuela Superior de Guerra, separados a consecuencia del fallo de un Tribunal de honor»22. Nada podía estar más alejado del feminismo y de sus conquistas pendientes.


CONCLUSIÓN

Es cierto que en España el movimiento feminista y sufragista ha sido muy débil, poco organizado y nada radicalizado, en comparación con otros países, pero en absoluto ha sido inexistente. También queda patente que, una vez que las condiciones maduraron y las contradicciones y el auge de las luchas por todo tipo de derechos laborales y sociales, incluidas el sufragio femenino, surgieron tras la Primera Guerra Mundial y el triunfo de la revolución soviética en Rusia, las primeras sufragistas que aparecieron en el estado español fueron las de la Liga Española para el Progreso de la Mujer, fundada en Valencia y encabezadas por las gaditanas Ana y Amalia Carvia Bernal. También hemos expuesto que ya era claramente visible la división entre unas mujeres a favor del sufragio femenino integral y otras partidarias del sufragio parcial e incluso aplazado, por lo que la famosa lucha parlamentaria de Clara Campoamor y Victoria Kent en otoño de 1931, ya tenía unas profundas raíces que se remontaba a dos décadas atrás.
     Aunque el inicio de la lucha sufragista española puede fijarse con claridad en el mes de enero de 1919, al no existir un día concreto para su celebración, hemos preferido establecerlo el 12 de enero de 1920, cuando por vez primera se leyó en un pleno del Congreso de los Diputados la petición del Sufragio Femenino Integral por parte de un grupo organizado de mujeres feministas.
Por lo que este próximo 12 de enero de 2020 se cumplirá el Centenario del inicio de la lucha sufragista en el estado español, que concluiría felizmente con la Constitución republicana de diciembre de 1931. 

 
1También recogido por Concha Fagoaga en su obra La voz y el voto de las mujeres. El sufragismo en España 1877-1931. Editorial Icaria, 1985. Aunque el diario al que alude es La Unión Liberal.
2Espigado Tocino, Gloria. La buena nueva de la mujer profeta: identidad y cultura política en las fourieristas Mª Josefa Zapata y Margarita Pérez de Celis. En «Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea», núm. 7, 2008, pp. 15-33. Universidad de Alicante, Alicante, España.
3Ver, por ejemplo, la noticia aparecida en La Discusión (Madrid) de 22 de marzo de 1883.
4Enmienda del Sr. Perier al artículo 15: en el Apéndice Primero al n.º 26 del Diario de Sesiones de las Cortes del 30 de mayo de 1877 (disponible en internet).
5Salió en dos números, los correspondientes a los días 14 y 22 de agosto.
6Comenzó el 19 de octubre y terminó la encuesta el 25 de noviembre.
7Apéndice decimoctavo al n.º 34 del Diario de Sesiones de la Cortes de 24 de junio 1907.
8 Diario de Sesiones de las Cortes n.º 40, de 2 de julio de 1907.
9Diario de Sesiones del Senado, Apéndice 1º al n.º 53 de julio de 1907.
10Diario de Sesiones del Senado, Apéndice 4º al n.º 52 de julio de 1907.
11 Diario de Sesiones del Senado, 25 de julio de 1907.
12Este senador ya se había mostrado partidario de la Instrucción de la mujer en marzo de 1882. Ver el Diario de Sesiones del 28 marzo 1882.
13Diario de Sesiones del Senado del 9 de Marzo de 1908. Disponible en internet.
14Ver, por ejemplo, El Fígaro (Madrid) del 7 de enero de 1919, pág. 6.
15El País (Madrid) del 17 de mayo de 1919.
16La Correspondencia de España (Madrid), de 17 de septiembre de 1919.
17«A nuestras adheridas», en Redención (valencia), de octubre de 1919.
18«El sufragio femenino en España mediante la reforma de la ley electoral», en El Sol de 27 de septiembre de 1919.
19«Lo que sería el voto femenino en España», en El Fígaro del 3 de noviembre de 1919.
20El Pueblo (Valencia) de 6 de noviembre de 1919.
21 «El voto de la mujer», en El Progreso (Lugo) de 22 de noviembre de 1919.
22Apéndice 4º al n.º 77 del Diario de Sesiones de las Cortes de 27 de febrero de 1920.

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