AMALIA CARVIA Y BELÉN SÁRRAGA. VIDAS PARALELAS DE DOS REPUBLICANAS ILUSTRES
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Belén
Sárraga (en el centro) con 57 años y Amalia Carvia (a su izquierda
en la fotografía)
con
70 años se reencuentran en diciembre de 1931.
Fuente:
El
Pueblo
(Valencia) de 1 de enero de 1932.
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AMALIA
CARVIA Y BELÉN SÁRRAGA.
VIDAS
PARALELAS DE DOS REPUBLICANAS ILUSTRES
Manuel Almisas Albéndiz
Aunque
la gaditana Amalia Carvia murió en Valencia en pleno franquismo y la
vallisoletana Belén Sárraga falleció en el exilio mexicano dos
años después, ambas «escritoras olvidadas» de la Generación del
98 parecieron tener durante la Segunda República dos vidas paralelas
de merecido reconocimiento público y de redoblados esfuerzos por
mantener viva la esperanza de una República democrática y
consolidada.
Desde
su fundación en 1896 y hasta su desaparición en 1907, Amalia Carvia
había sido una de las principales y más constantes colaboradoras de
la conocida y perseguida revista La
Conciencia Libre
que dirigía Belén Sárraga. Además, ella y su hermana Ana, ésta
como Secretaria en los primeros meses, habían militado en la
Asociación
General Femenina
que había creado también Sárraga en Valencia en 1896.
Amalia
y Belén se vieron por última vez con ocasión del fallecimiento de
su hija Libertad Ferrero en la localidad valenciana de Burjasot. De
hecho, Amalia fue la que dio a conocer a la prensa la pérdida de la
hija pequeña de Belén Sárraga en agosto de 1905 («Niña
malograda» en Las
Dominicales de
Madrid).
Posteriormente, sus vidas se distanciaron por la marcha de Sárraga
al continente americano donde vivió más de veinte años y obtuvo la
nacionalidad mexicana.
Amalia
Carvia tuvo una importantísima participación en el movimiento
feminista y sufragista que se inició en Valencia en 1915, pero la
llegada de la Dictadura de Primo de Rivera y su independencia
política, alejada de las luchas de «bandería» de los distintos
grupos republicanos, la sumió en un casi absoluto silencio mediático
hasta que llegó el gran día: el 14 de abril de 1931.
La
llegada de la Segunda República para esta mujer, que ya vivió en su
infancia la llegada de «La Niña», es decir, la Primera República
en 1873, tuvo que ser la culminación de sus más queridos sueños. Y
más aún cuando comenzaron a recogerse los frutos de las feministas
y sufragistas, como ella, que tanto habían luchado décadas antes y
que se fraguó en el articulado de la nueva Constitución con el
otorgamiento del voto integral a las mujeres.
Amalia
Carvia se pronunció de forma entusiasta sobre el anhelado voto de la
mujer, considerándolo un enorme adelanto para ellas y para la
República, y se mostró públicamente como republicana convencida,
por lo que el Partido fundado por Blasco Ibáñez no dudó en
llamarla a sus filas para que fuera un importante referente en las
Agrupaciones Femeninas Republicanas que el Partido comenzó a
organizar en esas primeras semanas.
De
forma paralela, el Partido Republicano Federal también pasó a la
organización de las mujeres en vista de que, muy a su pesar, les
habían otorgado el derecho al sufragio, y fue entonces cuando Belén
Sárraga volvió de su exilio americano. Según El
Imparcial
(Madrid), Belén, «culta escritora mejicana, directora de la revista
Rumbos
Nuevos»,
había desembarcado en Vigo procedente de Brasil y llegado a Madrid
el 13 de octubre de 1931.
SUS
PRIMEROS HOMENAJES
No
pasaron ni dos meses del regreso de Belén, un 5 de diciembre de
1931, cuando el Partido Federal en Madrid organizó un acto de
homenaje en su sede de la calle Echegaray, a «la gran propagandista
del republicanismo en España», y antes de fin de año marchó a
Málaga, donde había vivido y militado durante varios años a
principios de siglo, y donde fue objeto de otro importante
reconocimiento por parte del Partido Federal de Málaga. El 22 de
diciembre se organizó un gran banquete en su honor en el transcurso
del cual Belén pronunció un importante discurso, y allí en Málaga
fue visitada por autoridades municipales y por varias sociedades
obreras. También apareció en la primera plana del diario La
Tierra
(Madrid) del 25 de diciembre un extenso artículo del político
federal Rodrigo Soriano ensalzando su figura, «Una gran luchadora».
Antes
de acabar 1931, Belén visitó Valencia, donde también había vivido
y militado durante un tiempo, y el diario republicano El
Pueblo
acudió a visitarla para realizar una entrevista y promover un
encuentro con sus antiguas correligionarias de la Asociación General
Femenina. Ese es el momento en que se volvieron a encontrar Amalia y
Belén y que se inmortalizó en una histórica fotografía. Apareció
en el diario del 1 de enero de 1932 y allí se apreciaba ahora la
importante diferencia de edad que existía entre ambas: Amalia había
cumplido los 70 años, y Belén 57; pero las dos tenían todavía una
energía y una juventud vital admirables. Solo un hombre aparecía en
la fotografía, el veterano maestro laico José Arnau Aparici,
compañero docente de Amalia desde su llegada a Valencia.
Pocos
días después, Amalia Carvia también recibió otro homenaje público
en Valencia. Fue el domingo 10 de enero con ocasión de haber sido
nombrada Presidenta de honor de la Agrupación Femenina Republicana
«Entre Naranjos» del distrito de la Misericordia, donde había
residido y trabajado como maestra laica muchos años. El acto fue
institucional y político, acudiendo el alcalde, diputados y cargos
electos del Partido Unión Republicana Autonomista (PURA), y donde
Amalia leyó un extenso discurso que posteriormente sería publicado
íntegramente en El
Pueblo.
A partir de este momento, al igual que Belén se convirtió en un
personaje referente del Partido Federal, Amalia lo sería para el
PURA, aunque sin una militancia política destacada ni participativa
por su avanzada edad, pero sí en las Agrupaciones Femeninas, pues no
era casualidad que con su dilatada docencia laica en su escuelita de
niñas de la calle Villena había ayudado a conformar una grandiosa y
comprometida generación de jóvenes republicanas en Valencia.
RECONOCIMIENTO
DE LA REPÚBLICA
El
23 de julio de 1932, la Gaceta de Madrid publicaba el Decreto del
Gobierno por el que se creaba la «Orden
de la República»
para «honrar y recompensar» a los ciudadanos que se habían
distinguido por «sus méritos y servicios cívicos» en el servicio
de la República. Pues bien, no sería hasta el 11 de febrero de
1934, en la conmemoración del 61 aniversario de la Primera
República, cuando se otorgaron las primeras distinciones, en forma
de Cruz de Caballero de la Orden que se concedió a más de una
docena de veteranos republicanos. Con ello se daba respuesta a las
peticiones de las Asociaciones de Veteranos para que se reconociera
la importante labor de dichos hombres y mujeres en la llegada de la
Segunda República.
Para
ello, a finales del año anterior el Ministro de Gobernación había
solicitado a los Gobiernos civiles una relación de republicanos
veteranos, junto a su situación económica, para de esos listados
realizar una selección y proceder a los nombramientos. El
gobernador civil de Valencia incluyó en la lista a «Amalia
Carvia, 72 años, maestra laica, pobrísima»,
quien a la postre sería la única mujer que accedería a tan alta
distinción.
El
diario de Santander, El
Cantábrico,
fue el primero en informar el 11 de febrero de 1934 sobre los
diecisiete veteranos que fueron condecorados con la insignia de
Caballero de la Orden de la República. Ciudadanos de Valencia fueron
tres, pero solo con Amalia Carvia se volcaron las Agrupaciones
Femeninas Republicanas y el aparato del PURA en hacerle un grandioso
homenaje. Se tuvo que retrasar hasta el mes de julio por los
avatares políticos de los socios valencianos del gobierno del
Partido Radical, pero finalmente el 15 de julio tuvo lugar un acto
institucional en la Casa de la Democracia de Valencia y un banquete
en los Viveros Municipales, al que acudieron las más altas
personalidades republicanas de la ciudad, incluido el gobernador
civil, que le impuso la insignia, y el ministro valenciano Sigfrido
Blasco, hijo del genial novelista y dirigente republicano Vicente
Blasco Ibáñez.
Desde ese
momento cumbre en su vida, la ahora presidenta de la Agrupación
Femenina republicana «Flor de Mayo» se convirtió en toda una
celebridad y en una figura intelectual indiscutible y reconocida a
pesar de su avanzada edad.
Por
otra parte, Belén Sárraga fue elegida como vocal en el Consejo
Nacional del Partido Federal en su Asamblea de febrero de 1932, pero
poco después marchó nuevamente al continente americano, donde
estuvo casi un año. Según El
Heraldo de Madrid,
el 30 de marzo de 1933 desembarcó del «Reina del Pacífico» en el
puerto de Santander, procedente de Centroamérica, «la ferviente
propagandista republicana» Belén Sárraga. A los pocos días, se
celebró un Congreso de su partido y ella obtuvo 11 votos para que
asumiera la presidencia del mismo, solo seis menos que Pi y Arsuaga,
hijo de Pi y Margall, y líder indiscutible del Partido hasta ese
momento.
A
partir de entonces, la trayectoria política de Belén fue en
continuo ascenso, siendo elegida presidenta del Partido Federal de
Madrid y candidata del mismo partido por Málaga en las elecciones
generales de noviembre de 1933. Dos meses antes, había sido
propuesta por la Asociación de Veteranos de la República Madrid
para alguna distinción del Gobierno por su «labor de constancia y
de consecuencia en la lucha por la República», pero el gobierno de
Lerroux no pensó de la misma manera. De hecho, no formó parte del
listado para ingresar en la Orden de la República de febrero de
1934. Quizá fuera por la edad, pues aún no cumplía los 60 años, o
por su holgada situación económica, por lo que se desechó su
candidatura, pero nunca por su militancia política alejada de los
radicales de Lerroux, pues en Valencia sí se distinguió a Aurelio
Blasco Grajales, dirigente como ella del Partido Republicano Federal.
Sin
embargo, sus admiradoras y simpatizantes seguían viendo a Belén
como una mujer referente del republicanismo español, y el 11 de
febrero de 1935, después de su discurso en la comida de socios de la
Asociación de Veteranos de la República, de la que era presidenta
desde el año anterior, un grupo de mujeres asistentes propusieron
que se pidiera para Belén Sárraga, «la insigne luchadora», el
Collar de la Orden de la República, «iniciativa que fue acogida por
simpatía por todos».
La
Comisión de mujeres, cuya presidenta fue Dolores Meras de Posada,
inició una vasta campaña para solicitar al Gobierno que le
concediera a Belén Sárraga la Banda de la República (se dieron
cuenta que el Collar solo lo podían ostentar los presidentes de la
República) y que incluyera los beneficios de la ley de 19 de abril
de 1934, asignándole una pensión económica. De hecho, el Patronato
«Rosario de Acuña» reclamaba para sí la primacía en la petición
de una distinción para Belén, a raíz de su participación en el
ciclo de conferencias que organizó la entidad madrileña en junio de
1933, y la prensa madrileña también recogía el titular de «Justo
homenaje. La Orden de la República para Belén Sárraga»
(La
Libertad,
26 febrero de 1935).
Dos meses más tarde, la Comisión de mujeres visitó a Lerroux para
que apoyara la distinción, petición que el presidente del gobierno
«acogió favorablemente». E incluso apareció en la prensa del 13
de abril la existencia de una instancia firmada por numerosos
republicanos solicitando al Consejo de Ministros dicha condecoración
para Belén Sárraga.
Esta
condecoración nunca fue concedida, pues los acontecimientos se
precipitaron. El Partido Federal, con Belén Sárraga como vocal en
el Consejo Nacional, firmó pocos días después la adhesión de su
partido al Frente Popular y las elecciones de febrero de 1936
impidieron la concesión de nuevas distinciones a los veteranos de la
República.
Ambas
ilustres permanecieron durante la guerra en España: Amalia en
Valencia y Belén en Madrid primero y en Barcelona después. Belén
marchó al exilio y Amalia sufrió el calvario de la represión
franquista por partida doble: un Proceso Sumarísimo por haber sido
vicepresidenta del comité provincial valenciano de la Liga Española
de los Derechos del Hombre y la Ciudadanía (otro paralelismo con
Belén, que fue vocal de la Junta nacional de esa misma
organización), y posteriormente otro Sumario abierto por el Tribunal
Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo.
Ambas
republicanas ilustres de vidas paralelas cayeron en el olvido por un
motivo u otro, y es deber de los republicanos y progresistas
actuales hacer que su valor, coherencia y su constancia en la lucha
constituyan un ejemplo que perdure en el tiempo.
Artículo
basado en «¡Paso
a la mujer! Biografía de Amalia Carvia»
de Manuel Almisas Albéndiz. Ediciones Suroeste, El Puerto (Cádiz),
marzo de 2019. Incluye un CD con su obra recopilada por el mismo
autor, «Desde las Cumbres, de Amalia Carvia»
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